Irina se sorprendió al sentir que los brazos de Ema se aferraron a ella, con sus manitos apretaba su blusa. Ema instintivamente se preparó para defenderla.
Lo inaudito es que debía defenderla ¿de su madre acaso?
—Le he dicho que se vaya de mi casa —espetó Alex mirando a la institutriz, esta dio paso adelante.
—Señor Salvatore, si me permite explicarle.
— ¡No tengo nada que escuchar! Lárguese en este momento de mi casa o se me olvidará que es una mujer débil y patética, tomaré esa r