Epílogo. Ya nada está oculto
La luz dorada entraba apenas por las cortinas de las ventanillas del camarote en el yate Isabella. Los zapatos estaban tirados en el suelo sin orden, la ropa igual, el hermoso vestido color lavanda de Irina estaba abandonado y arrugado sin remedio. Copas a medio tomar sobre la mesa de noche del camarote principal. Irina se sentó en la cama sin nada que cubriera su desnudez.
Alex estaba afuera hablando con los miembros de la tripulación.
Se acababan de casar en una ceremonia bastante gran