Capítulo 104. Los momentos son una cuestión de espacio y no de tiempo
Olga cruzó el umbral con cautela. La habitación era muy amplia, y obviamente de Marco. Estaba bañada en una luz tenue, cálida, que parecía provenir de una única lámpara colocada estratégicamente para iluminar el centro de la estancia.
La pintura que había captado su atención, era muy grande, con un marco dorado y dominaba la pared frente al lecho.
Era ella.
Representada de una manera que nunca había imaginado, etérea y hermosa, como si el artista hubiera capturado no solo su rostro