Capítulo 41. Nuevas posibilidades de traición
La mazmorra estaba en silencio, envuelta en una oscuridad húmeda y fría. Solo el eco de los pasos descendiendo por la escalera de piedra rompía la quietud. Soriana sujetaba una bandeja entre sus manos, el vapor de la sopa aún subía en espirales suaves, mezclándose con el aire rancio del pasillo subterráneo. No se molestó en anunciarse. Carl siempre sabía cuándo venía.
Cuando abrió la reja, lo encontró sentado en el rincón más lejano de la celda, con las rodillas dobladas y los brazos cruzados s