Capítulo 42. La antigua profecía
La madrugada envolvía el castillo en un silencio espeso, apenas roto por el susurro del viento entre las almenas. Alina no podía dormir. Algo dentro de ella la impulsaba a caminar, como si una fuerza invisible la guiara. Dejó su habitación sin hacer ruido y descendió los pasillos de piedra, descalza, sintiendo el frío de las losas bajo sus pies.
No sabía con certeza por qué iba hacia la biblioteca antigua. Ese lugar, apartado y casi olvidado por todos, era más un archivo de historia que una sal