Capítulo 29. El día después
El sol apenas despuntaba sobre las cumbres nevadas cuando Alina abrió los ojos. La habitación de piedra, cálida por la chimenea aún encendida, se sentía extrañamente vacía. Las sábanas a su lado estaban frías. No había rastro de Devon. Durante un segundo, dudó si lo de la noche anterior había sido real o un sueño tejida por la luna y el deseo. Pero el leve ardor en su piel, el aroma aún presente en la almohada y el temblor silencioso en su pecho confirmaban que no había sido una ilusión.
Se sen