Capítulo 16. El heredero
La frase se clavó en el pecho de Soriana como un cuchillo mal enterrado. La joven no pudo contenerse. Cayó de rodillas junto a su madre adoptiva y comenzó a llorar desconsoladamente. Su rostro estaba rojo, desfigurado por la angustia.
—¡No puede ser ella! —gritaba entre sollozos—. ¡Es la hija del enemigo, madre! ¡Nos lo quitó todo! No es justo... tú me prometiste que me casaría con él.
Martha bajó la mirada. Su corazón, endurecido por los años y las pérdidas, no podía negar lo que sentía por So