Capítulo 133. La otra cara de Marianne
El sol de la mañana se filtraba entre los árboles del claro donde entrenaban. El aire olía a tierra húmeda y a hierro, mezclado con el sudor de los hombres que se esforzaban en sus prácticas. Devon giraba la espada con precisión, cada golpe contra el poste de madera resonaba como un trueno seco. Su respiración era constante, rítmica, disciplinada. No se entrenaba por vanidad, sino porque la guerra que se avecinaba exigía cuerpos y mentes en alerta.
No advirtió al principio la presencia de Liam,