—Qué divertida situación, ¿no lo crees, hermano? —escupió, limpiándose la sangre con el dorso de la mano, sonriendo con esa maldita seguridad que tanto odiaba—. ¿Me estás golpeando por una mujer rota? ¿Por esta basura que no vale ni lo que costó su vestido? Ay, hermano, pensé que tenías mejores gustos. Mira que a mí me tocó la peor parte, pero tú aún puedes escoger a una mujer que no venga de un contenedor de basura.
Adrik se levantó de golpe, tambaleándose apenas, con la mandíbula ensangrentad