—Donovan... —intenté echarme un poco hacia atrás para calmar mis ganas de saltarle encima y devorar sus labios, pero me terminé golpeando la cadera con el borde de su escritorio, cosa que lo hizo reír bajito.
Una vez más, no sería capaz de escapar.
—¿Qué pasa, Cassia? —su rostro estaba tan cerca del mío. La mano que tenía apoyada en el escritorio comenzó a deslizarse lentamente hasta alcanzar la mía, rozando nuestros dedos con lentitud. Provocando que un fuego peligroso comenzara a crecer dentr