—Buenos días a todos —saludé con voz firme pero educada, llamando la atención de todos en el piso.
Hoy sería diferente.
Lo supe por cómo se detuvieron los teclados.
Por cómo los ojos se levantaban, uno a uno, como si el aire hubiera cambiado súbitamente.
Mientras caminaba por el pasillo, con los tacones altos repiqueteando, haciéndome notar, supe que algo se había transformado.
Ya no me miraban con indiferencia. Ni con lástima.
Sino con sorpresa.
Con juicio.
Evaluándome en silencio.
—¿Es Cassia