Brianna frunció el ceño y lo miró con ojos acusadores, viendo cómo se acomodaba para ponerse los pantalones. Era extraño, pero funcional.
—¿Acaso sabes lo que son el respeto y la decencia? —preguntó con tono acusador.
—Son cosas que no tengo por qué hacer en mi cuarto —soltó él como si nada y se encogió de hombros—. Me voy a dormir, mañana tengo mucho trabajo pendiente.
En un parpadeo, se pasó a la silla de ruedas, actuando como un experto, y fue al baño para dejar las toallas.
La muchacha lo v