Apenas escuchar la voz, la cara de Evan se transformó en alegría, y tras encontrar la fuente, salió corriendo en su dirección.
—¡Tía Amy! —chilló al llegar hasta ella.
La mujer, una dama morena y castaña, se agachó y lo recibió con los brazos abiertos.
—¡Mi pequeñito, pero si estás enorme! —clamó alegre y lo abrazó con fuerza, para luego cargarlo del suelo.
—¡Tú también has crecido mucho, tía! —dijo él, y Amelia puso mala cara al instante, lo que a Brianna le sacó una risita mientras se acercab