Un silencio tenso llenó el cuarto, y solo se escuchó un jadeo por parte de Evie, que enseguida se llevó la mano a la boca y miró a su hijo con incredulidad.
Kane tenía la vista fija en el pequeño niño que lo escrutaba con sus brillantes ojos sin reservas. Por supuesto, los ojos decían mucho, él no tenía las lentillas, pero imaginó que el nene también había conectado puntos con otras cosas, lo veía en su mirada.
¿Pero qué debía decir exactamente?
En ese momento volteó a ver a una Brianna que se