LEONARDO
Gema duerme profundamente, acurrucada entre las sábanas, respirando con un ritmo tranquilo. Y como no se despierta, me quedo quieto y la observo.
Su pelo está revuelto sobre la almohada, unas hebras le rozan la mejilla. Podría apartarlas, pero sé que si las toco… no voy a querer irme y debo hacerlo, no quiero que nos descubran.
Me quedo allí un minuto. Dos. Quizá más, observándola en secreto.
No debería mirarla así. Pero solo cuando estoy con ella puedo bajarme la máscara y respirar...