La noche ya había caido nuevamente la luz de la luna entraba apenas por la ventana alta, dibujando líneas pálidas sobre el suelo cubierto de polvo. Las paredes desnudas, los muebles olvidados y el aire frío convertían aquel espacio en una prisión silenciosa, un reflejo perfecto del estado en que se encontraba su vida.
Sus piernas cedieron, ya no podía soportarlo más.
Cayó de rodillas junto a la cama angosta, aferrándose al borde del colchón como si fuera lo único capaz de sostenerla.
Y enton