La habitación asignada a Loren estaba en el tercer piso de la mansión Harts.
Era amplia, elegante y silenciosa.
Las paredes en tonos marfil, los ventanales altos y la delicadeza de los muebles antiguos la hacían parecer una suite de hotel más que un dormitorio. Sobre la cama, impecablemente tendida, descansaban varias cajas con ropa nueva, zapatos y accesorios elegidos con una precisión casi intimidante.
Todo estaba pensado para convertirla, en cuestión de horas, en la futura esposa del here