El trayecto hacia la Villa de Tulipanes se hizo en un silencio casi insoportable.
Dentro del coche, Loren mantuvo la mirada fija en la ventana, observando cómo la ciudad quedaba atrás y era reemplazada poco a poco por caminos más apartados, rodeados de árboles, campos perfectamente cuidados y senderos bordeados de flores.
Cuando finalmente el vehículo atravesó los portones de hierro forjado, Loren comprendió por qué la llamaban así.
La villa era majestuosa.
Un edificio de piedra clara, con