La Villa de Tulipanes había caído en una calma engañosa.
Afuera, los senderos cubiertos de flores parecían una pintura viva bajo la luz de la tarde, pero dentro de la casa la tensión seguía respirando entre las paredes.
En el despacho privado del primer piso, Damian Harts trabajaba como si su mundo no acabara de cambiar.
La estancia era amplia, revestida en madera oscura, con libreros de roble, una lámpara de escritorio de luz cálida y un gran ventanal que daba hacia el jardín principal de t