Alessia se sentía una ninja en plena empresa. Ya casi se visualizaba en una película de acción. Caminaba con sigilo, mirando sobre el hombro y asomándose en cada esquina antes de avanzar por un pasillo.
No habría llamado tanto la atención si no fuera con Lisa que simplemente continuaba conversando hasta que notaba que su compañera se quedaba atrás en uno de sus sigilosos movimientos ninja.
—¿Se puede saber qué te pasa? Nunca llegaremos a la cafetería —se quejó Lisa—. Mi cuerpo necesita mi cap