Alessia todavía sentía vértigo cuando miraba desde el balcón hacia las calles de Manhattan. Llevaban ya un par de meses en el nuevo departamento, en el mismo edificio, pero se encontraba varios pisos arriba y a veces, cuando había neblina, ni era posible ver el suelo de la ciudad. El anterior, en opinión de Matthew, resultaba pequeño para todos.
Esa mañana de Navidad era fría. Los dedos de la mujer estaban enfundados en guantes gruesos, tenía un gorro de lana, bufanda y el abrigo más pesado que