Renata abrió los ojos y contempló el techo blanco. Por unos segundos, no supo en dónde estaba ni qué pasó, pero al girar un poco el rostro encontró a Matthew durmiendo en el sofá y recordó en un segundo a su pequeño hijo luchando por entregarle un dibujo mientras un automóvil se acercaba a toda velocidad.
—¡Emery! —gritó al tiempo en que se sentó.
Matthew brincó por la sorpresa.
—¿Qué? ¿Qué pasa?
—¡¿En dónde está Emery?! —chilló Renata con las lágrimas cayendo por su rostro—. ¡¿Está bien?!
Matth