La secretaria la recibió con una sonrisa, se llamaba Adele y llevaba muchos años en la empresa, había trabajado para el C.E.O. anterior.
—No está de buen humor porque llegué un poco tarde y tuvo que bajar a la cafetería —dijo Adele.
Alessia no tuvo el valor para decirle que ese no era el motivo de su mal humor.
Adele se comunicó con su jefe, quien aceptó ver a Alessia; así que la joven madre entró a la oficina y se encontró con el rostro inexpresivo de su jefe.
Ale quiso hablar, pero él le ganó