—Disculpa, Alessia… No sé cómo preguntar esto, así que sólo lo haré.
—Está bien, claro…
Alessia tomó asiento frente al escritorio de su jefe y aguardó con paciencia por la pregunta que parecía estar costándole a Matthew todo el oxígeno de la habitación.
Esa mañana su jefe llegó tarde. Thomas llevó al pequeño Emery a la guardería, Alessia los vio cuando ya se retiraba; su jefe llegó dos horas después a la empresa y con unas ojeras tan grandes que era sencillo adivinar que no concilió el sueño.
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