Matthew se dejó caer en los cómodos sofás blancos de su elegante sala que también parecía jardín de niños. Los juguetes que encontró Mahika permanecían regados sobre el suelo, aunque sabía que Lea se llevó algunas Barbies.
Bebió un sorbo de su botella de agua, subió los pies a la mesa del centro y contempló el anochecer desde la amplia ventana; a lo lejos se podían ver otros enormes edificios cubiertos de luces, era un paisaje hermoso.
Sus hijos ya dormían. Mahika había salido con un amigo. T