ULRIK
Un permiso me bastó para llegar a buena hora al hospital, justo antes del toque de queda en el que se sumía la capital gracias al secuestro de la Princesa Laurice. Aparentemente las autoridades ya sabían en qué zona se encontraba y la estaban peinando. Por desgracia, todo era demasiado hermético para ellos.
Temprano esa tarde, mientras experimentaba un poco en un lugar apartado de la ciudad con algunos químicos, recibí un mensaje de mi asistente con información interesante.
Al parecer, un