LARS
Mi idilio terminó cuando esa mañana de lunes Casper se metió en mi cuarto con malas noticias.
—Oye, despierta, tienes que ver esto —espetó con urgencia, removiéndome.
—Qué…
No tenía ganas de despertarme, pero la luz de la pantalla de su celular, ese que casi me pegó en la cara, me hizo abrir los ojos con desgana.
—Párate, vamos —instó, jalándome.
—¡Voy, voy, maldita sea! ¿Qué haces fastidiando tan temprano?
—¡Es importante!
Me incorporé en la cama y tomé el celular. Todavía tenía la vista