Narrado por Rafael
“¡Cinco días!”, pensé. Ciento veinte horas de búsquedas incesantes, de almacenes registrados, de cámaras de seguridad revisadas. Cinco noches en que despertaba con Flavia temblando en mis brazos, los ojos abiertos en la oscuridad, escuchando pasos que solo existían en su memoria traumatizada. Muchas veces hasta corría al cuarto de las niñas para verificar si estaban bien, y solo dormía cuando lo comprobaba, cuatro o cinco veces antes de acostarme.
Al día siguiente, al atardec