Narrado por Flavia
El sol de la mañana de sábado entraba suave por la ventana de la sala de estar, pintando de dorado los cabellos desordenados de Mel y Bia, que jugaban en la alfombra con bloques de construcción. Mi corazón latía fuerte mientras observaba a Rafael preparar té de manzanilla –su forma disimulada de calmar sus propios nervios. Vestía una camiseta gris, sencilla, pero las sombras bajo sus ojos y la tensión en sus hombros delataban la tormenta que se acercaba.
—Niñas… tenemos qu