Narrado por Rafael
La luz de la luna entraba furtiva por la ventana del cuarto, iluminando mi cama, cuando escuché dos suaves golpes. Me levanté de inmediato sonriendo, sabía que era Flavia. Al abrir, la vi mirando en todas direcciones del pasillo de la mansión; entró rápido y cerró con llave mientras corría hacia la cama y se escondía bajo la sábana, el rostro hundido en la almohada. Quise reír, ya sabía por qué hacía aquello, pero mantuve el aire serio y pregunté:
—¿Qué pasó, querida?
—Murién