Flávia narrando
El sol de la mañana siguiente trajo un falso aire de normalidad. Mientras ayudaba a Mel y Bia a preparar las mochilas para la escuela, el sonido del teléfono estalló como un disparo. Rafael atendió con la frialdad de quien ya espera lo peor, pero sus dedos palidecieron al sostener el aparato.
—¿Encontró algo? —preguntó, los ojos fijos en mí mientras yo intentaba disimular el temblor de mis manos arrugando el uniforme de las niñas.
La voz del detective Collins al otro lado son