Rafael narrando
Hace una semana, Flávia parecía estar mucho más distante de mí. Lo notaba en la forma en que evitaba mis ojos durante el desayuno, en las respuestas cortas a las preguntas sobre su día, en el silencio que ocupaba el espacio entre nosotros en la cama. Aunque no me negaba su cuerpo, parecía negarme sus pensamientos, y eso me asustaba mucho más que la amenaza que nos rondaba. Sabía que era culpa mía. Collins y yo habíamos descubierto cosas en el bar de la zona este —cosas que haría