El ambiente en la habitación del hospital era tenso. La luz tenue apenas iluminaba los rostros de los tres ocupantes: Bianca, Oscar y Liam. Oscar, pálido y con respiración entrecortada, había confesado lo inevitable: estaba muriendo.
Bianca se sentía como si el mundo se derrumbara a su alrededor. Las palabras de Oscar resonaban en su mente, cargadas de una tristeza infinita y una aceptación tranquila que sólo hacía que su dolor fuera más profundo. No entendía como algo así estaba pasando, ¿Cuán