A pesar de que los primeros botones de su camisa estaban fuera del ojal, se asfixiaba. Si, no tenía aire, las manos le temblaban, tenían los bellos erizados y el delicado camino de besos en su cuello no dejaban espacio para más pensamientos.
Debió frenar de golpe. El semáforo había cambiado a rojo sin que lo notara, de ser un poco más tarde hubiera provocado un accidente.
Se restregó la cara.
—Suficiente.
No podía decir que se conocían hace mucho, sin embargo, la sonrisa en el rostro de Liam er