Liam gruñó desde lo más profundo de su garganta cuando Bianca le acorraló contra la mesa, usando la sorpresa del momento como distracción para morder su labio.
—Te lo merecías.—Soltó la chica, faltando aire.
No se quedaría así.
—A-Ah~
Había avanzado y ahora Bianca estaba a su disposición, contra la pared, con los ojos bien abiertos, esperando por algo, algo bueno, algo que ambos necesitaban.
—Te encanta mandar…—Trataba de sonar como un regaño, pero la sonrisa en su boca lo impedía.—Ya deberías