—¿Y qué piensas hacer al respecto?— El hombre a su lado soltó un suspiro cansado que no demostraba solo el cansancio acumulado con los años de servicio, sino también la angustia a la que estaba sometido. Su boca se abrió a punto de dar una respuesta, pero fue interrumpido.
—Lo entiendo.
Los ojos de aquel hombre entrado en años demostraron una tristeza sincera que parecía consumir su alma.
—N-no, no tienes que…
—Olvídalo.— Soltó con una falsa confianza.— Voy a hacerlo.
Su cuerpo se sacudió mientras pequeñas gotas caían desde su cabello, deslizándose por su mejilla con paciencia mientras su mirada ausente permanecía fija en algún punto del baño. El goteo incesante de una llave mal cerrada hacía eco, y la escena lucía cruda y desalmada.
Bianca tragó con dificultad, su garganta dolía y se sentía seca. Apretó ambos puños a sus costados en un intento desesperado por retener los sollozos, pero falló. Los jadeos llenaron la habitación, dolidos desde lo más profundo de su ser. Sabía que no ten