—¿C-cómo debo hacerlo?…
Igual que una bestia mansa y arrepentida, Liam parecía agachar la cabeza y meter la cola entre las patas mientras un extraño espíritu vencido se adueñaba de su cuerpo.
Bianca escondió una sonrisa.
—Empecemos intentando usar zapatos iguales… N-no me malinterpretes, no es que me moleste, solo creo que sería más cómodo para Leo andar con algo que no sean una bota y una sandalia.
Liam evitó rodar los ojos ante la voz socarrona y meliflua que le hablaba. La chica revolvió un poco en el armario y, de forma mágica, encontró justo el par de zapatos que Liam había buscado en su propia casa al menos treinta minutos.
Nuevamente, sus ojos se abrieron de golpe.
¿A-acaso los había escondido?
La risa jocosa de Leo lo sacó de sus pensamientos. El niño pronto debía comenzar su primer año escolar, y decir que estaba nervioso era poco. ¡Tantas cosas de qué preocuparse!
Comprar el uniforme correspondiente, materiales, enseñarle reglas básicas, preparar un almuerzo y hacer tareas j