Capítulo 84

Como Gary lo había augurado, Brenda despertó de su inconsciencia con un jadeo furioso. Lo primero que hizo fue dirigirse a la cuna de la pequeña Aisha. Al verla vacía, un grito de rabia pura retumbó por toda la mansión, un aullido que hizo temblar las paredes.

Salió por los pasillos a paso firme, los tacones resonando como martillazos, buscando a sus lacayos.

—¡Líder! ¡Líder! —sus gritos eran puro veneno.

El líder de los exiliados apareció al instante.

—Dígame, señora.

—¿Dónde está la pequeña c
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