Sophie hizo lo que su jefe le había dicho. Esa tarde, después del trabajo, se fue sola al pueblo de al lado. En Charleston el comercio era limitado, mientras que en SunnyVille había un montón de tiendas abarrotadas por la mejor ropa a la moda y, por supuesto, tecnología por doquier: hermosos televisores y teléfonos celulares últimos modelos.Esta ciudad era lo contrario a Charleston. Sophie estaba acostumbrada a vivir en el centro del país, en donde todo marchaba con normalidad, así que el cambio a Charleston la tenía un poco consternada, pues parecía como una ciudad irreal, completamente paranormal, un punto al norte del país en donde por poco y ni siquiera había electricidad. Pensar en eso le daba escalofríos, pero no se negó a un momento de felicidad.—Buenas tardes, señorita. ¿En qué le podemos servir? —la mujer que atendía la tienda de ropa atendió a Sophie.—Hola, es que estoy buscando algo bonito para ir al trabajo. Soy asistente y pues busco algo formal, pero no tanto.—Bueno,
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