La tensión se espesaba como una niebla venenosa alrededor de la cueva. Los vampiros sabían que el ataque era inminente, aunque su naturaleza pacífica los había mantenido durante siglos alejados de guerras abiertas. Esta vez, sin embargo, no se trataba de territorio ni de viejas rencillas: se trataba de la niña.
—Morgan, deben esconderse con la pequeña. La manada viene en camino y su objetivo es ella— Lestat irrumpió en la estancia, el rostro endurecido por la urgencia.
—¿Huir? ¿A dónde? Este lu