Valentín ató a Brenda con la mayor fuerza que le fue posible y la subió a su auto. La había dejado inconsciente en el asiento trasero, pero aun así no dejaba de observarla a través del retrovisor. Decían que los vampiros no le temían a nada, sin embargo, él estaba genuinamente aterrorizado por la energía oscura que emanaba de su cuerpo incluso en ese estado. Sabía que no podía enfrentarla solo; su capacidad para hechizarlo lo volvía vulnerable. Antes de cualquier cosa, debía entregarla para que