LAURA
Estoy perdida en mis pensamientos, intentando ignorar la incomodidad de la ropa húmeda pegada a mi piel. De repente, Martín se acerca y extiende su mano hacia mí, mostrando una pequeña flor silvestre. Su delicadeza me toma por sorpresa.
—¿De dónde la sacaste? —pregunto, sin poder ocultar mi asombro.
Él no responde de inmediato. En cambio, se inclina un poco hacia mí, lo suficiente para susurrar en mi oído:
—Sabes que tu presencia provoca toda mi magia.
El calor de su aliento y el tono baj