RAMIRO
La música de la fiesta resonaba en el aire, pero para mí era solo un ruido lejano. Estaba en la terraza, con una copa en la mano, fingiendo disfrutar de la conversación de mis amigos, aunque mi mente estaba en otro lugar. O mejor dicho, en otra persona.
Damián.
Desde que lo conocí, algo en él me inquietaba y me atraía al mismo tiempo. No solo era su apariencia—sus ojos oscuros como la noche y su sonrisa juguetona—sino la forma en que me miraba, como si supiera algo que yo no me atrevía a