LAURA
Cada segundo en el auto junto a Martín me asfixia, y aunque trato de mantener la calma, mi cuerpo no deja de temblar.
Miro por la ventana, fingiendo interés en el paisaje que pasa, pero mi mente está atrapada en el peso de su mirada. Sé que me observa a través del retrovisor, siento sus ojos clavados en mí, intentando perforar mis pensamientos.
De repente, su voz rompe el silencio:
—¿Te molesta si escucho la estación radial? —pregunta, pero su tono deja claro que no es una simple cortesía