“Es tu momento, Laura,” me digo mientras me acerco a lamer el helado. Me agacho lentamente, siguiendo el camino de ese travieso hilo de helado derretido que serpentea por su cuerpo. Cuando llego al bóxer, levanto la mirada con una expresión inocente, pero llena de intención. Él traga saliva, y en un movimiento rápido, se baja el bóxer. Mi mirada se desvía hacia su gruesa polla, y sin querer, entreabro la boca, como si fuera un reflejo imposible de controlar.
Bryan toma otra cucharada de helado