POV: Isabela
La tarde cae suave sobre los jardines de la mansión Salvatore. El cielo se vuelve rosado, como si alguien lo hubiera pintado con tiza. Estoy sentada en la terraza, con una manta sobre las piernas, dejando que el aire fresco me despeje la cabeza.
Adriana Salvatore aparece en silencio, siempre elegante, siempre con esa mezcla de fuerza y fragilidad en los ojos.
—¿Puedo sentarme contigo, tesoro?
—Claro, señora Adriana —le digo sonriendo—. Me gusta su compañía.
Ella se sienta a mi lado