Mansión Salvatore, Lago de Como — Cuatro meses y medio después de Venezuela
El invierno italiano se había ido derritiendo como azúcar en el café, y ahora el lago brillaba con ese azul profundo de primavera que solo existe aquí, cuando los Alpes todavía tienen nieve en las cumbres pero el sol ya calienta lo suficiente para abrir las ventanas francesas de par en par.
Yo estaba de treinta y dos semanas exactas.
La barriga ya no era “barriguita”: era una pelota perfecta, dura, que se movía so