Narrado por Adrián Salvatore
La habitación que prepararon para ella parecía salida de un sueño: cortinas de seda marfil ondeando con la brisa, una cama amplia con sábanas italianas de algodón egipcio, una lámpara ámbar que hacía que todo brillara suave, cálido, seguro.
Pero Isabela apenas podía disfrutarlo.
La ayudé a recostarse despacio, y apenas su espalda tocó la almohada, soltó un suspiro cansado.
—Adrián… siento que mi cuerpo no me responde —murmuró, con los ojos medio cerrados.
Me senté a