—¿Cuándo llegaste, cuñada? —preguntó Roger con entusiasmo.
—Hace un momento —respondió Clarissa, y al verlo, se le salió una sonrisa sin querer.
—Ven, siéntate —dijo Roger, mirando a su alrededor. Quería llevarla a sentarse junto a Samuel, pero ese lugar ya estaba ocupado. Al final, la llevó hasta el asiento que antes ocupaba Derek.
Araceli observó, sintiendo una mezcla de enojo y tristeza. ¡Cuando ella vino, Roger no la trató así! Cada vez que le decía “cuñada” era como una puñalada. Quería cal