Al verla callada, Giovanni se acercó un poco más, con una expresión tranquila y una luz especial en los ojos, que antes se sentían lejanos y ahora parecían llenos de algo que la invitaban a quedarse viéndolos.
Sus ojos se achicaron con ternura, y sus labios tibios se acercaron a los de Clarissa, pero se detuvieron justo antes de tocarlos.
—Si pasó algo... ¿te enojarías? —preguntó en voz baja.
Clarissa sintió el calor subirle al cuerpo, y sus labios temblaron solo por el aliento de él. Cerró los